lunes 9 de noviembre de 2009

La caída del Muro y yo.

Hoy se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín y recuerdo perfectamente ese día. Tenía 7 años y ese hecho me marcó profundamente. El año anterior había tenido mi primer acercamiento a la política, con el plebiscito en Chile, y creo que fue entonces que la historia política empezó a gustarme. En 1989 escuché por primera vez las palabras Comunismo, Cuba y Che Guevara.

Por supuesto, la noticia no nos llegó en directo, pero llegó con sólo horas de desfase. Me recuerdo sentada frente al televisor preguntando por qué la gente se subía a esa pared.

La imagen de arriba es lo más cercano que encontré a la imagen mental que tengo de la caída del muro.

Ese día, en los días que siguieron y hasta años después, fue papá el que se encargó de intentar responder a mis preguntas, aunque con cada cosa que decía, en mi cabeza surgían miles de nuevas interrogantes.

En ese momento supe que existía algo llamado Comunismo, y con la inocencia que sólo pueden dar los siete años, creí que era la solución a todos los problemas sociales que veía a mi alrededor. En lo primero que pensé cuando logré entender lo que papá quería decir con eso de “son comunistas”, fue en que si Chile fuera comunista, todos mis compañeros de curso recibirían un juguete para la Navidad. Me pareció tan fantástica mi idea de una Navidad en Comunismo, qué pregunté ¿Y por qué se van? Fue entonces que vino la explicación de la división, de la separación. Pensé que el muro completo había sido construido en una noche, e imaginé un muro que separara para siempre las casas de mis abuelos, y que yo sólo pudiese visitar una. Pensé en todos los niños que se quedaron sin poder ver más a sus abuelos y decidí que era injusto, que yo también saltaría el muro, aunque seguí sin entender su razón de ser.

Entonces papá habló de la revolución cubana, que también eran comunistas, que no había muro, pero había mar, y que nadie podía salir de ahí. La verdad, mi cuestionamiento en ese momento no era el hecho que las personas prácticamente estuvieran presas en su país, lo que no entendía era por qué alguien querría irse de un lugar en que todos tenían acceso, según yo, a todas la cosas. Papá se dio el tiempo de explicarme que como todos tenían que tener lo mismo, las personas eran pobres porque el dinero no alcanzaba. Pregunté si las personas tenían casa, comida y si los niños iban a la escuela. Como la respuesta fue sí, la explicación que nada era de ellos, sino del Estado, no me interesó en lo más mínimo, yo estaba imaginando una Navidad perfecta, con regalos para todos los niños. Eso era algo muy importante en mis pensamientos por esos días, el que no todos los niños recibieran un regalo para la Navidad me parecía injusto. Me había enterado de esa situación un par de años antes, cuando entré a a la escuela, y en la primera Navidad que viví como estudiante, fui una de las pocas del curso que tuvo regalos. La caída del muro se produjo tan cerca de la Navidad, que ya era parte importante de mis preocupaciones el saber que muchos de mis amigos, ese año tampoco recibirían un regalo.

Me pareció tan fantástico el Comunismo, que quise saber más. Vi todos los programas sobre la caída del muro y la reunificación de Alemania. El muro me parecía injusto, pero seguía sin entender para qué estaba ahí, según mi punto de vista, nadie querría irse nunca de Alemania Oriental (o de Cuba). Una cosa era querer visitar a la familia y los amigos del otro lado, pero para mí estaba claro que todos volverían, porque eso que llamaban Comunismo, era lo mejor que alguien podría haber inventado.

Lo de dictadura, prisión por pensar distinto, tortura y muerte, vine a saberlo años después, cuando ya había democracia en Chile y usar esas palabras no era peligroso.

De todas formas, el comunismo seguía siendo para mí, el sistema más justo, y aunque leí algo sobre la dictadura del proletariado, me parecía que esa dictadura era “buena”, que el mundo capitalista inventaba atrocidades de los gobiernos comunistas por temor a que todos los países optaran por ese sistema y  ellos perdieran el poder.

Cada aniversario de la caída del Muro de Berlín pensé: “Los capitalistas se salieron con la suya, como siempre.” Pero este aniversario es distinto para mí. De los tiempos de Comunismo en Alemania sé prácticamente nada, pero desde hace un par de años estoy haciéndome una idea menos sesgada de la revolución cubana, y creo que la vida en la R.D.A.  no debió ser tan distinta a lo que viven los cubanos. El 20 de Octubre exigí libertades para Cuba, porque he ido descubriendo que el Comunismo es un sistema injusto, en el que tampoco todos los niños tienen un juguete, en que las viviendas son escasas, en que la comida está racionada, en que la educación es sólo para los revolucionarios.

Sería hermoso que un día llegásemos al nivel de evolución que nos permitiera compartir de tal forma que todas las personas vivan dignamente. Pero ha sido el egoísmo, la ambición, las ansias de poder y el miedo a perder la posición y los beneficios ganados, lo que ha llevado a que el Comunismo sea provechoso sólo para unos pocos, para los que ostentan el poder, y aspiran a ser sus dueños eternamente.

Hace tan sólo un par de días escribía sobre la detención, en Cuba, de personas que han sido valientes y se han atrevido a manifestar que piensan distinto, que quieren vivir en un país en que todos tengan cabida, en un país libre, en el que pensar de una u otra forma no sea impedimento para sentirse parte de una misma nación.

Es porque creo que ya es tiempo de terminar definitivamente con las injusticias generadas por la ambición de poder de unos cuantos, que hoy, por primera vez,  celebro la caía del Muro de Berlín, y sueño con presenciar el momento histórico en que se produzca la caída del muro intangible que separa a Cuba del resto del mundo.

sábado 7 de noviembre de 2009

Los dictadores también sienten miedo.

                            
Yoani Sánchez, Claudia Cadelo y otros blogueros cubanos, fueron detenidos ayer, cuando se dirigían a una manifestación contra la violencia en La Habana. Secuestrados y golpeados por pensar distinto y atreverse a decirlo, escribirlo y publicarlo.

Acabo de leer los post de Yoani, Claudia y Aguaya, refiriéndose al tema. He leído sobre lo mismo en portales de noticias, y en Twitter. Lo primero que vino a mi mente fue la violencia de la dictadura chilena, el tiempo que ha transcurrido desde el bombardeo al Palacio de La Moneda y lo difícil que hubiese sido ocultar los crímenes cometidos si hubiésemos tenido Internet. Las oscuras acciones de Pinochet y su gobierno de todas formas terminaban por conocerse, pero no con la inmediatez que es necesaria para que los villanos no sientan que las atrocidades cometidas quedarán impunes. Pinochet nunca sintió miedo, se sentía (o sabía) intocable. Pero si los blogueros cubanos están siendo detenidos y golpeados, es porque los Castro tienen miedo, saben que no podrán ser los dueños eternos del poder. Hoy las personas que viven en dictadura tienen formas de comunicar al mundo lo que están experimentando en el momento que los hechos suceden. La libertad llegará a Cuba y llegará pronto.

Desde muy niña, pensé que si hubiese sido adolescente en los tiempos más duros de la dictadura militar, sería parte de las listas de detenidos desaparecidos. Admiro profundamente a los valientes que se alzaron contra la represión, la injusticia, la tortura y la muerte, para regalar a Chile nuevamente la libertad. Los blogueros cubanos son tan valientes como esos que en Chile lucharon por liberarnos. La escena de la lucha es distinta. La pelea hoy se da en el mundo virtual, pero tal vez esa escena sea más efectiva, ya que el mundo entero puede conocer lo que está pasando en Cuba, sólo conectándose a Internet. Por eso el miedo, porque pueden matar a millones de personas, pero no pueden hacer nada contra lo que se está publicando en la red.

Sé que cuando comente esto, un par de personas me dirán que es propaganda imperialista, que ante el capitalismo salvaje cualquier cosa es buena. Pero sé que no, la represión nunca es buena.

Afortunadamente he vivido en un país que recuperó su democracia. Fui testigo de ese momento, y nunca lo olvidaré. Desde los 8 años he tenido la alegría de poder pensar distinto, sin miedo a que ese simple hecho me cueste la libertad o la vida, y quiero que todas las personas del mundo tengan la misma alegría. Quiero que los cubanos puedan ejercer su derecho a pensar distinto, tal como los chilenos, que recobramos ese derecho hace 20 años.

lunes 2 de noviembre de 2009

Mi manía por los blogs.

A veces pienso que lo que me atrae de los blogs no es poder escribir y dejar registro en línea, casi nadie lee lo que escribo, así que daría lo mismo que siguiera escribiendo en cuadernos, como lo hacía hace años. No lo hago sólo porque descubrí que es imposible, cada vez que intento tomar un cuaderno para escribir, los recuerdos dolorosos se apoderan de mí y no puedo hacer nada más que mirar la página en blanco, paralizada por lo que queda del dolor que en algún momento lo cubrió todo.

He tenido casi tantos blogs como cuentas de correo, y es que  el diseño de los blog es lo que me llama la atención, lo que me entretiene por días enteros. Poder hacer que queden exactamente como imagino es el gran desafío, pero sin conocimientos técnicos es imposible. En realidad lo que escribiré en el blog nunca me ha interesado demasiado al crear uno nuevo, sé que escribiré algo. Lo que interesa es cómo va a verse el blog. Y nunca pude lograr que el anterior se viera como lo imaginaba, así que empecé a buscar qué hacer, y lo encontré, pero considerando que manejar código HTML en facebook me tomó varias tardes, lo que leí fue chino para mí. Así que volví a una cuenta de blogger que abandoné hace años, y ahora, con bastantes ensayos ya, pude al menos cambiar la plantilla y agregar algunas cositas. Me encantaría saber diseñar páginas webs, pero lo cierto es que mis conocimientos sólo alcanzan para cambiar fuentes y colores, pero eso es suficiente por ahora. Es cierto que este no el el diseño de blog que sueño, pero cumple con lo mínimo.

Una vez que estuvo lo mínimo, tuve que decidir cambiarlo, pero no quería perder las entradas del anterior, así qué hice lo más simple: copiar y pegar. Hay algunas entradas que  ya tienen años, y las copié, porque no quiero perderlas, como perdí muchas cosas que escribí en el fotolog, y en otras páginas que ya no recuerdo.

Espero seguir aprendiendo sobre diseño de blogs, para no tener que cambiar éste por uno aún más sencillo.

martes 20 de octubre de 2009

Libertad para Cuba.

                        
Hasta a mí me parece extraño estar escribiendo este post. Hace un par de años no lo hubiese imaginado, pero la vida me ha llevado por caminos distintos a los que imaginé transitar.

Recuerdo como si fuese ayer el día que recibí el primer mensaje de Ernesto. “Cubano de Miami”- pensé-, como si existiesen cubanos de Cuba y cubanos de algún otro lado.
Con el tiempo, Ernesto se convirtió en mi amigo, y lo que empezó como una charla sobre el turismo en Chile, terminó siendo, para mí, un aprendizaje sobre Cuba más allá de las páginas .cu.

Al principio sólo fue curiosidad. Estaba buscando el punto débil de las acusaciones que se hacían a la Revolución de Fidel, pero la verdad es que cada cosa que leía, me hacía más y más sentido. Todo me cuadró, lo que la Revolución no lograba explicarme, lo explicó perfectamente cada página disidente que visité.

Con el rompecabezas casi listo, llegué al blog de Yoani, y desde ahí al de Claudia, y al de Aguaya. Es por Aguaya que hay en mi blog una bandera pidiendo Internet libre para los cubanos. El libro “Nuestros años verde olivo”, de Roberto Ampuero, fue la última pieza. Ya no tengo duda, quiero para Cuba una Revolución, la Revolución de la libertad.

Quiero que Ernesto pueda viajar a Cuba cuando tenga ganas o lo necesite, quiero que los cubanos con los que hablé mientras estaban en Venezuela puedan seguir conectados con el mundo ahora que volvieron a Cuba, quiero que Maykel pueda viajar a donde sueñe sin pedirle permiso a nadie, quiero que Yoani no tenga que escribir a ciegas en su blog.

Me parece terrible lo que vivió Chile durante 17 años de dictadura. Cuba ha vivido todo eso y posiblemente mucho más por 50 años, y ya es suficiente.

Sé que lo que yo piense, diga o escriba, no cambiará nada, por eso me sumo a esta blogacción por las libertades en Cuba, porque seremos muchos, exigiendo en este día, lo que queremos para Cuba y todos los cubanos:

- LIBERTAD DE OPINIÓN.
- LIBERTAD DE ACCESO A INTERNET.
- LIBERTAD PARA ENTRAR Y SALIR DE CUBA.
- LIBERTAD DE ASOCIACIÓN.
- LIBERTAD PARA LOS PRESOS DE CONSCIENCIA.
- LIBERTAD PARA CUBA.

jueves 20 de agosto de 2009

Fechy en la blogósfera.

Revisando el correo me encontré con un especial sobre blogs en la página principal de msn. Como por estos días no tengo nada de trabajo (el trabajo que espere, es más entretenido Internet), entré a ver el tema, y entre los puntos de la nota, me encontré con un test, lo hice y el resultado me sorprendió y me hizo reír muchísimo, fue éste:“Blogoactivo. ¡Felicitaciones! Eres un lector asiduo de blogs. Te informas a través de ellos y siempre buscas una segunda opinión que te haga pensar y ampliar tu visión de mundo. Conoces absolutamente todos los blogs que presentamos en el especial. No te basta con comentar en las noticias que lees, sino que tienes tu propio blog desde el cual lanzas tus dardos sobre lo humano y lo divino. Eres un líder de opinión para tus amigos.”

Si bien es cierto que leo blogs, la verdad es que sólo sigo uno, el de Yoani Sánchez. De los blogs que presentan en la nota, sólo conocía dos. Tengo un blog, pero tiene una entrada, no hay comentarios. Escribo aquí y son tonterías, lo que escribo no influiría en la opinión de nadie, menos en la de mis amigos.

Así como sueño ser una gran fotógrafa, me gustaría ser una gran bloguera, pero no basta simplemente con las ganas de escribir, ni tampoco con escribir, hay que tener talento, y creo que mi talento se fue a la basura junto con las pocas páginas que alcancé a escribir de una novela que soñaba con publicar algún día. En “Paula” Isabel Allende dice “cualquiera puede escribir una mala novela”. Si generalizamos la regla, entonces cualquiera puede escribir un mal blog.

Mala plataforma elegí para mi blog, de mis 57 amigos, me imagino leyendo mis notas sólo a mamá y a Pili (no entiendo por qué lee lo que escribo, pero es bueno saber que al menos tengo dos lectores). El objetivo de todo bloguero es ser leído, pero yo escribo para mí, tal como lo hacía en mis cuadernos, la diferencia está en que ahora escribo en mi diario de vida interactivo, porque en eso se ha ido transformando Facebook para mí.

Hace algunos años escribía diariamente al menos un par de páginas, por mucho tiempo no pude escribir una sola palabra, por culpa de “el dolor que lo cubre todo”, pero al parecer el dolor ya no lo cubre todo, porque desde hace un par de meses he estado buscando por todo Internet buenos datos para escribir blogs. La verdad no he seguido ninguno, porque siento que (en mi caso al menos), escribir es un ejercicio personal, una forma de despejar mi mente, de ordenar mis ideas y liberar tensiones (no sería buena liberar tensiones gritándole a mis alumnos). No espero que alguien me lea, no espero una opinión, aunque alguna vez lleguen y me den fuerza, sólo espero expulsar mis demonios y seguir adelante. Escribir me aleja de la depresión, y me hace sentir flotando, igual como cuando devoraba libros y libros sólo por placer.

Hay muchas cosas que amaba, que dejé de hacer a medida que fui creciendo, y si algo bueno ha tenido el trabajar en el liceo, ha sido recordar lo que me hacía feliz en ese tiempo, lo simple que era creer que el mundo estaba a mis pies y lo fácil que era reír.
Este año he vuelto a leer como cuando estaba en tercero medio, mirando por la ventana de la sala del Liceo y leyendo a Marcela Serrano, “El Albergue de las Mujeres Tristes” y esa frase que marcó mi corazón “El amor se ha vuelto un objeto esquivo”. La primera frase de el libro que fue el inicio de muchas cosas en mi vida, cosas buenas, que agradezco. Los libros siempre han traído cosas buenas a mi vida, con cada uno de los que he leído he aprendido algo, tal vez por eso, quisiera tanto poder escribir, escribir bien, cosas importantes, que marquen tendencia. En vez de eso, lo que escribo solamente alcanza para hacerme sentir menos atrapada. Ahora que lo pienso, sentirme atrapada, por estos días no me parece tan malo, el dolor que lo cubría todo, también había borrado mi sensación de encierro, y creo que prefiero sentirme encerrada en mi propio cuerpo y escribir para liberarme, antes de no sentir nada porque un dolor millones de veces más grande y poderoso que el encierro, me domina.

El dolor se ha ido y han vuelto todas las sensaciones y los sentimientos que se habían dormido. Por eso creo que seguiré escribiendo, seguramente empezaré a hacerlo con más frecuencia. Ya no está el demonio del dolor, pero el resto de los demonios está de fiesta.

Y esto seguirá siendo lo que es, lo que tiene que ser, un mal blog, mi blog.

domingo 24 de mayo de 2009

El camino hacia el olvido.

Estoy desvelada. En la tele están dando un documental sobre la revolución de los pingüinos de ya no me acuerdo qué año, 2006 me parece. Acabo de ver una película de esas románticas a rabiar, “La casa del lago”, algo así como “Tienes un e-mail”, pero no con una distancia sólo física, sino también temporal. Uno de los protagonistas está viviendo en 2004 y el otro en 2006. Linda película, con un final feliz de esos que usualmente en la realidad no suceden.

Durante el día he intentado escribir varias veces, pero no he podido. También intenté iniciar un blog, pero no quiero otra página más. Utilicé mucho tiempo del día en descifrar como usar código html en Facebook, y cuando pude hacerlo, no me gustó.

Hace poco rato, me di cuenta que el último de mis “cuadernos de anotar la vida”, estaba en la silla donde se amontonan y se amontonan libros que uso a veces. Y lo tomé. Aún sabiendo que corría el riesgo de terminar llorando toda la noche, lo tomé, lo abrí y empecé a leer. Salté muchas páginas, el dolor no me dejó leer cada palabra, pero sí leí mucho de lo que escribí y aunque el dolor que siento ahora, es muy grande, entendí que no es nada comparado con el dolor que sentía en ese tiempo.

La última fecha que hay en el cuaderno es un 8 de mayo, y dice: “Hoy hace tantos años, me encontré con…” (En realidad no importa su nombre, sino que el dolor que siento, es el dolor que él dejó). Y cuando leí eso me sentí bien, aliviada, casi feliz. Me di cuenta que este año, por primera vez, el 8 de mayo pasó desapercibido para mí. No recuerdo qué hice el 8 de mayo de este año, porque no tuvo ningún significado para mí. Siento que ese es un gran paso, me di cuenta que las cosas ya no me duelen tanto, que ya al menos no recuerdo hechos específicos, sino sólo cosas generales, eso me hace pensar que el dolor irá cediendo de a poco, porque el olvido está haciendo su trabajo.

Por fin vuelvo a ocuparme de otras cosas, a leer como lo hacía antes, a disfrutar de los amigos como en los tiempos en que mis 15 años hacían que sintiera que podía ser dueña del mundo.

Aunque hace más de un año dejé definitivamente el intento por escribir cuadernos, ahora siento que fue un año en el que estuve aprendiendo a resistir la vida como viniese, a pensar en mí, en las personas que están conmigo y me han apoyado en los momentos difíciles, y hasta he pensado en nuevos amores, que han traído a mi vida alegría y ganas de seguir adelante.

Sé que con escribir esto no se terminará el dolor, ni desaparecerán los recuerdos, que tal vez pase mucho tiempo antes de poder sentirme completamente liberada, pero sí creo que este es el inicio de una nueva etapa, de una etapa en la que seré más valiente para enfrentar el dolor y que me llevará a derrotarlo definitivamente.

viernes 22 de mayo de 2009

Todo en uno.

De Facebook me encantó la posibilidad del todo en uno. Ya no necesitaría de msn, espacio para fotos, correo electrónico y blog. Facebook me entregaba todo eso en un solo lugar y sin las complicaciones de una pagina web, además de poder establecer mi red de amigos y que ellos pudiesen ver información sobre mí con sólo clickear mi nombre. Y funcionó, en parte. Aunque no pude quitarme la afición al msn, ya no necesito tantos sitios, mucho de lo que antes hacia utilizando tres o cuatro páginas, ahora lo hago en Facebook. Sin embargo, el blog no ha resultado para mí. He publicado algunas notas, pero han sido en su mayoría escritos antiguos, que no tienen mucho que ver con lo que estoy viviendo por estos días.

Me resulta difícil escribir en el computador. Cuando usaba cuadernos las palabras fluían sin dificultad, pero lo doloroso que resultó escribir las últimas páginas en el cuaderno, hace que sea imposible retomarlos. Cada vez que lo intento el recuerdo del dolor vuelve y no puedo seguir. Pero también ha resultado imposible escribir en el blog, tal vez simplemente porque el dolor aún no me deja escribir. Malditos dolores que tardan más en irse que lo que tarda el amor en desaparecer.

Detesto el dolor que se ha quedado y que ha impedido que pueda vivir en plenitud los dolores y las alegrías de este tiempo, y que pueda escribir sobre ellos. No he podido escribir sobre el dolor que lo cubre todo, sobre los desafíos que ha traído el cambio de trabajo, sobre lo que sentí cuando vi entrar por la puerta al primer niño que me gustó, 20 años después, o sobre todos los recuerdos que puso en marcha con su sola aparición. Tampoco he podido escribir sobre la alegría que siento al tener a Rosita de vuelta en mi vida, o lo mucho que me hace falta Claudia día a día. Ya no lleno páginas con comentarios sobre los libros que leo, ni tampoco he podido escribir sobre los profundos cambios que está teniendo mi pensamiento político, ni sobre por qué ya no quiero ir a Cuba, no por ahora al menos. Tampoco puedo escribir sobre el que pensé sería un gran amor y no fue y menos sobre el que estoy sintiendo con todas las fuerzas de mi corazón y que me tiene más que feliz, aún sabiendo que nunca será.

Hay millones de cosas sobre las que quiero escribir y no he podido hacerlo. Espero que algún día el dolor por fin se vaya y pueda retomar la escritura, que tanto me ayudó para mantener las ideas en orden en otro tiempo.

domingo 19 de abril de 2009

Frente al espejo.

Mirándose al espejo, quitando capa por capa el maquillaje, quitaba capa a capa la ilusión de felicidad. Mientras lo hacía, descubría bajo la máscara, a la triste mujer en la que se había ido convirtiendo paulatinamente a lo largo de sus años de vida. Ya casi no podía recordar como era la risa, esa que cuando era niña, fue su permanente compañera. Pero en algún momento de su vida, que no podía o no quería recordar con precisión, la tristeza entró en su alma y ya no quiso salir.

Muchas veces sentía que su vida era como la oscuridad, que el mundo vivía en colores y ella sólo en tonos grises. Hacía lo mismo que el resto de las personas, respiraba como todos y tenía una vida, una “no vida”, como le gustaba llamar a su existencia cuando sentía más tristeza que de costumbre. Aunque sabía que estaba viva, se sentía ajena, extraña, como viviendo dentro de una película, sintiendo que a nadie le importaba y manejando sus sentimientos para no sufrir por afectos que sabía que un día ya no estarían junto a ella. Cada ser que había amado, se había ido de su lado. Había pasado tantas veces lo mismo, que entregaba sus afectos pensando en disfrutar al máximo el tiempo que tuviese, estaba segura que el receptor de su afecto en algún momento partiría. Muchas veces parecía fría ante los demás, y era difícil para ella sobrellevar las críticas y las recriminaciones, pero estaba segura que nadie sería capaz de comprender la soledad en la que su alma estaba sumida.

La mayoría del tiempo, le resultaba muy difícil ser oscura en un mundo de colores, más que eso, era tremendamente difícil, exigente y agotador, tener que fingir ser un color más en el mundo, el fingir la felicidad le daba mucho trabajo, la agotaba, la dejaba sin fuerzas para algo más, y la hacía sentir cada vez más triste, más sola, y sumía a su alma en una oscuridad más intensa, más difícil de derrotar.

Permanecer en el mundo le resultaba extenuante, pero cada día volvía a ponerse de pie, cada día volvía a vivir una vida inventada, hacía y decía lo que se esperaba que hiciera y dijera, sonreía con frecuencia, muchas veces reía de buena gana y ante los ojos de todos tenía una existencia feliz y tranquila. Nadie pensó que cada sonrisa actuada, iba quitándole instantes a su alma, que en cada acto en que ella parecía feliz, su cuerpo iba agotándose un poquito más.

A la mayoría de las personas no les parecía algo importante, muchas cosas agotan, el trabajo, los horarios, hasta los amigos agotan a veces, pero no pensaban en que sus extenuantes días de “felicidad” podían dejarla tirada en la cama por días. ¿Tan cansada? En realidad no importaba demasiado, el lunes volvía a levantarse, a sonreír y a ser como todos y eso era lo que importaba.

Y así cada lunes volvía al maquillaje, a la máscara de felicidad, a la sonrisa actuada millones de veces y a la felicidad compartida del sentir que se está vivo. Pero cada tarde se quitaba la máscara y se veía al espejo, sola, sin papeles que cumplir, triste, desesperanzada y agotada. Esperaba cada día una señal, una oportunidad para salir de la tristeza, pero cada día esa posibilidad era negada, terminaba el día tan triste y sola como lo había empezado y al comenzar el siguiente sabía que la tristeza había ganado otro rincón de su alma.

Intentaba por todos los medios recuperar algo de lo perdido, pero cada intento iba produciendo en ella más dolor, cada experimento que hacía para salir de la tristeza, terminaba sumiéndola más en su soledad. La mayoría del tiempo sentía que las personas a su alrededor no se interesaban genuinamente en ella, le resultaba increíble el que nadie se percatara de su angustia, cuando era tan inmensa y sentía que ni las capas de maquillaje, ni las risas estudiadas podían ocultarla. Dolor, inmenso dolor que debía sobrellevar en silencio, que debía disfrazar de alegría frente a los demás.

Cada día fingía estar bien, cada día añadía sufrimiento y soledad a su existencia. Sentía, impotente, que la vida pasaba frente a sus ojos, haciéndole cada vez más daño. El sufrimiento se incrementaba a cada momento, intentaba frecuentemente hacer recuentos de lo bueno que tenía su vida, de lo que debía hacerla feliz, de lo que debía agradecer, pero en lugar de sentir que su pesada carga se hacía más liviana, se agudizaba el dolor, el vacío y el frío, que hacía mucho la habían hecho su prisionera.

Por momentos, incluso a veces por semanas, sentía que su vida se llenaba de luz otra vez, sentía que dejaría la “no vida”, para volver al mundo de la felicidad genuina, autentica. Algunas veces incluso sentía que la felicidad estaba al alcance de su mano, tan cerca, que creía poder atraparla y estaba decidida a no dejarla escapar nuevamente. Pero esos momentos eran escasos, al poco tiempo se daba cuenta que la felicidad se había alejado nuevamente, llevándose consigo otro pequeño trozo de su cansada alma. Sin embargo, volvía a levantarse, aunque cada día costara más esfuerzo y agotara sus energías más rápido.

Así como su alma, su cuerpo también estaba volviéndose frío, el frío de se su alma estaba llegando a su cuerpo, por eso, aprovechaba cada rayo que el sol pudiese regalarle, sentía que abrigando su cuerpo, abrigaría también su alma. Los inviernos le resultaban difíciles de sobrellevar, cada primavera que empezaba, significaba para ella el triunfo, otro invierno superado, un invierno menos que sufrir. Pero con el paso del tiempo iba sintiendo que los inviernos eran cada vez más largos, que los veranos entregaban cada año menos calor, que ya nada podía aplacar el frío que la envolvía.

Durante un verano particularmente extenso, jugó alegremente con los rayos de sol, que parecían gustosos de entregarle calor, vida. Ya no necesitaba del maquillaje, ni de las sonrisas estudiadas, menos de las falsas carcajadas que la dejaban extenuada. Su alegría era real, ya no la agotaba y le estaba ganando cada día más espacio al frío de su alma. Primero se fue el frío de su cuerpo, el disfrutar de eso, ya era un regalo que agradecía, pero poco a poco, casi sin que lo notara, el frío del alma también desaparecía, a ratos incluso le parecía extraño luchar para eliminar el frío, y ya no sólo para que no se extendiera. Cada risa, ahora, extendía un poco el calor en su alma. Y tanto rió, disfrutó y agradeció, que la felicidad había vuelto, caminaba a su lado. Ella consideró que podía mantener la felicidad a su lado, que no era necesaria atraparla, la llevaría de su mano y ya nunca más se separaría de ella. Juntas vivirían un eterno verano.

Cuando los primeros signos del otoño que se acercaba se manifestaron, decidió ignorarlos, se sentía demasiado bien disfrutando de los rayos que el sol le regalaba, como para abatirse por las primeras hojas secas. Siguió viviendo en verano, negándose al hecho que los rayos del sol se hacían cada día más débiles y entregaban menos calor. Consideró que debía ignorar al otoño, abrigó su cuerpo pensando que así el frío no tendría posibilidad de llegar nuevamente a su alma. La felicidad aun caminaba a su lado, aún cuando los rayos del sol ya casi no daban calor. Se sentía tan protegida por sus abrigos, que no notó que la felicidad se alejaba poco a poco, casi imperceptiblemente en el día a día.

Junto a la llegada de los abrigos, empezó a sonreír menos, a disfrutar menos de las caminatas, hasta llegar a decidir quedarse en casa, aprovechando el calor que en ella podía encontrar. Empezó por quedarse en casa para disfrutar del calor, terminó saliendo sólo lo necesario, costándole mucho esfuerzo tomar la decisión de salir, entendiendo que si lo hacia, era simplemente porque no había otra posibilidad. Volvió al maquillaje para ocultar la tristeza de su rostro, le evidencia de las noches sin dormir y de llorar. Las varias capas de abrigos ya no pudieron evitar que el frío volviera a entrar en su alma, hasta el punto que ya nada le brindara un poco de calor.

Una noche, mirándose al espejo, quitando la máscara de felicidad que usaba frente al mundo, sintiendo el frío comiendo su alma, decidió que ya no quería más esa vida, ese sufrimiento.

Como cada noche, preparó todo para el día siguiente, dejó todo en orden y se dispuso a dormir. Esta vez dormiría plácidamente, despidiéndose para siempre del frío, el dolor, la angustia, el desamparo, la soledad…

sábado 10 de enero de 2009

Un gran regalo.


 Esta rosa simboliza los muchos regalos que me has dado en este tiempo junto a mí.

Ha sido éste el regalo que me ha devuelto las ganas de creer, las ganas de correr riesgos, de disfrutar las cosas buenas mientras duren, y no quedarme fuera, mirando como las cosas buenas les pasan a los otros, por miedo a sufrir cuando lo bueno se acabe.

No recuerdo la última vez que me reí con tantas ganas antes que llegaras a mi vida. Tampoco recuerdo la ultima vez que dije "te quiero" sin sentir un miedo inmenso al pensar que ese cariño me llevaría, en algún momento, a la destrucción total.

Hace unos días me dijiste que las cosas se han dado de determinada forma en mi vida porque hay algo mejor esperándome. Hoy pienso que cada una de las lágrimas del pasado ha valido la pena por esta alegría gigantesca que siento hoy.

Tenía que conocer a muchos sapos mal disfrazados para poder apreciar al príncipe que no pretende serlo, y que por lo mismo, sé que es el mío.

Aunque digas que no debo agradecer algo que sientes, agradezco infinitamente que nuestros caminos se encontraran.

Te quiero mucho, mucho, mucho.

jueves 4 de diciembre de 2008

Cuando el dolor sigue ahí.

Por alguna extraña razón, en un recóndito lugar de mi alma, el dolor por el amor perdido, sigue tan vivo como el primer día, duele tanto como cuando ese grito desgarrador y ahogado, salió de lo más profundo de mi ser, cuando al procesar esas frías palabras de despedida, sentí que moría, que nada en mi vida tenía sentido y nada volvería a tenerlo jamás.

Ha pasado mucho tiempo ya desde aquel momento, pero luego de años de haberlo vivido, de años de trabajo para dar un sentido a ese dolor y estar absolutamente convencida de ser fuerte, de haber superado exitosamente esa experiencia desagradable, el más mínimo estímulo, trae al presente todo el dolor de ese momento.

Desde ese tiempo me he preguntado si el dolor que sentí en ese momento podrá compararse con la perdida del ser amado cuando éste muere. De cierta forma, el hombre que amaba murió, ya que desapareció para siempre de mi vida, murió para mí. Supe en el momento en que dijo “ya no te amo”, que no volvería a verlo, que no volvería a escuchar su voz, ni su risa, que no se cumplirían todos esos sueños que habíamos construido juntos, que no habría una casa pequeña, con una biblioteca acogedora, con niños corriendo y riendo entre nosotros. Ya no habría nada, porque él desaparecía, moría para mí.

Fue una tarea enorme aprender a vivir nuevamente sin él, al menos un año me tomó dejar de esperarlo, dejar de creer que un día volvería para decirme que se había equivocado, que había descubierto que no podía vivir sin mí. Por supuesto, eso nunca pasó, por más que esperé y esperé, ése al que vestí de príncipe, nunca llegó.

Hace tiempo que asumí que nunca llegará, dejé de esperarlo desde hace mucho, pero el dolor revive de vez en cuando. Cuando eso pasa, lloro por horas, hasta que no queda una sola lágrima dentro de mí, hasta que otra vez mi alma está en calma, el dolor ha sido aplacado y ya no siento que moriré producto del inmenso vacío que la partida de ese hombre, al que amé como jamás había amado, dejó en mí.

He aprendido a vivir con ese vacío, a convivir con él sin ya querer eliminarme para poder dejar el dolor atrás, volví, aún vacía, a hacer todo lo que hacía antes, volví a caminar, a comer, a trabajar, a leer y a hacer muchas de las cosas que amaba antes que él detuviese mi mundo y que todo lo que conocía hasta ese momento, dejara de tener importancia para mí. En estos años conviviendo con el vacío de mi alma, incluso he ido descubriendo nuevas cosas para amar, he vuelto a sentirme feliz por momentos, he vuelto a sonreír sinceramente e incluso a veces hasta a reír a carcajadas, hasta que brotan lágrimas de mis ojos, estando tan alegre como en los viejos tiempos, tiempos en los que no había más preocupación que existir. Pero aún con momentos de felicidad, con risas, con nuevas aficiones y renovadas ganas de enfrentar al mundo, el vacío sigue ahí, y cada día, en algún momento, me recuerda que está, que aunque ya no sea tan seguido como antes, sigo llorando por ese hombre al que he llamado, sin saber todavía muy bien por qué, “el hombre de mi vida”. Me repetido hasta el cansancio, que el hombre de mi vida jamás podría haberme dado tantas tristezas como me ha dado éste, pero como diría Neruda “mi alma no se contenta con haberle perdido…”. Lo que la pérdida de él causó en mí vida, fue un desequilibrio total, la pérdida de toda ilusión y ganas de vivir. Reconstruir al menos una sombra de lo que tenía antes que él existiera para mí, ha sido un proceso enormemente difícil, solitario y doloroso, tanto o más doloroso que la pérdida misma.

No sé si alguien pueda entender el dolor y el vacío, tampoco la nostalgia por los momentos hermosos que viví junto a él, no sé si alguien pueda entender el dolor por la pérdida de una persona que nunca amó, que sólo mintió y jugó con los sentimientos de quien se entrego al amor por él, sin cuestionamientos, sin defensas, en completa transparencia y honestidad. Yo tampoco puedo entenderlo, y aún así, el dolor y el vacío que siento no pueden ponerse en palabras que puedan expresar en su real dimensión los estragos que este amor me ha causado, he llegado incluso a pensar, que los males que ha causado en mí van más allá de lo espiritual. Este sentimiento de amor, desamor y dolor ha llegado a dañarme físicamente, ha atrofiado no tan sólo mi alma, sino también mi cuerpo.

Metafóricamente siempre decimos que nuestro corazón se destroza cuando se sufre una decepción amorosa, pero siento que de alguna forma, eso es cierto, el dolor que se sufre por amor también es físico, y duele precisamente, donde se ubica el corazón. No tengo idea si lo que duele realmente es ese músculo que no hace más que bombear sangre, pero sé que si no es el corazón lo que duele, algo que está cerca de él, sí. En realidad, todo duele cuando sufrimos por amor, físicamente cada célula está dañada y lo expresa enviando a nuestro cerebro la sensación de dolor para que le prestemos atención, pero ¿Cómo prestar atención a algo tan básico e insignificante como el dolor de nuestro cuerpo, cuando estamos completamente destrozados en lo más profundo de nuestro ser, en nuestros sentimientos, en nuestras ilusiones, en los sueños que ya no cumpliremos y que tampoco queremos cumplir si no es con la persona con la que los compartimos?. En el momento en que el desamor llega a nuestras vidas, ya nada importa más que el dolor que nos eso nos causa, da lo mismo vivir o morir, existir o no, lo único importante es el desgarrador sentimiento de pérdida, de vacío y la completa seguridad de ser insignificantes e invisibles para el resto del mundo… y para Dios.

Y es a Dios a quien le he preguntado millones de veces por qué el hombre al que adoraba, por el cual hubiese dado mi vida, me hizo tanto daño. Aún no he encontrado la respuesta, tal vez porque he estado formulando la pregunta de manera equivocada, tal vez la pregunta debiese ser ¿Cómo llegue a amar a esa persona, sabiendo desde el principio que no era lo que quería en realidad? Y esa pregunta no debo dirigirla a Dios, ya que la respuesta está dentro de mí, pero todavía no he tenido el valor para dejar que la respuesta salga a la luz y la reprimenda venga y diga lo que tenga que decir. Y seguramente no lo he hecho porque es mucho más fácil buscar respuestas en el exterior que dentro de mi propio ser, algunas veces hace falta demasiada valentía para escucharse, es preferible seguir escuchando el loco y ensordecedor ruido del mundo, el mismo ruido que nos agobia y del cual queremos escapar permanentemente, es finalmente la excusa perfecta que tenemos para hacer oídos sordos a lo que nuestros propios pensamientos tienen que decirnos y reprocharnos. Pero aunque fuese valiente y me atreviese a escuchar mi propia reprimenda, eso no hará desaparecer el amor, el desamor, las ilusiones destrozadas y el dolor.

Quisiera que el amor terminara cuando la relación se acaba, pero algunas (o muchas) estamos condenadas a amar después de amar, a esperar lo inesperable, a creer por siempre que un día aparecerá el hada madrina que convertirá en carroza una calabaza y (lo mas importante), transformará en príncipe al sapo en que, sin una razón más poderosa que el no querer estar solas, hemos puesto nuestros ojos. ¡Cuántos sapos hay que hemos querido transformar en príncipes!, y obstinadas con aquella idea, ¿Cuántos príncipes disfrazados de sapos habremos visto pasar por nuestro lado sin siquiera reparar en que un día se cruzaron con nuestras vidas?

Aunque ya entendí que el príncipe al que amaba no era más que un sapo mal disfrazado, y he decidido que no quiero un sapo más en mi vida, que estoy dispuesta a esperar el tiempo que sea necesario, por el príncipe que tomara mi mano y me acompañará por el resto del camino, de todas formas el dolor no se ha ido, sigue ahí, casi como burlándose de mis sentimientos, espiándome en espera del momento justo para volver a hacerse presente, para recordarme que por más meses o años que pasen, por mas fuerte que crea que me he hecho en todo este tiempo, no puedo combatir con su presencia. Los trozos de mi alma destruida, que a duras penas han ido uniéndose y haciéndose fuertes otra vez, vuelven a derrumbarse cuando el dolor da señales de su omnipotente capacidad para destruir mi felicidad, mi vida, una y otra vez, por el tiempo que se le antoje, hasta que considere que dañarme ha dejado de ser un juego divertido y se marche para dañar a alguien más.

He aprendido que por más que entienda que ese amor sólo me dañaba, que seguir sufriendo por él es una pérdida de valioso tiempo y energía, mis sentimientos no cambiarán, no harán lo que la razón ordena, harán lo que quieran y cuando lo quieran, ya que con ellos, la fuerza es inútil. Este dolor se irá cuando lo decida, tal vez, cuando en mí no quede esperanza alguna, cuando los hermosos recuerdos sean tan lejanos y estén tan desgastados, que el color sepia que irán adquiriendo con el paso del tiempo, logre que el amor se convierta finalmente en olvido.

Esperado olvido que se ha negado a llegar definitivamente hasta ahora. Tal vez mi propia confusión sobre lo que quiero olvidar es lo que hace que no llegue, todavía no sé si lo que debo olvidar es el amor o solamente el indescriptible dolor que el abandono dejó como secuela. Olvido que sólo permanece junto a mí por momentos, momentos felices en los que mi vida vuelve a ser mágica. Quiero que la magia en mi vida esté permanentemente presente, y eso puedo lograrlo únicamente con el olvido definitivo, cuando el recuerdo de lo vivido sea como una película vista hace mucho, de la que solamente se recuerdan vagamente algunas escenas, y que no provoca ninguna emoción. Así quiero recordar esta historia en la que a él le tocaron risas y lágrimas, y a mí, sólo las lágrimas, lágrimas de las que no me arrepiento, aprendí mucho con cada una de ellas, pero considero que ha sido suficiente de lágrimas, hoy quiero risas.

Existe una forma más de lograr el tan esperado olvido, menos probable de llevarse a cabo que el simple transcurso del tiempo, pero una forma al fin. Esa posibilidad es la de encontrar a ese hombre que me amará por siempre, que será mi amigo, mi compañero, mi cómplice. Si ese príncipe, que no se jacta de serlo o que tal vez ni siquiera esté enterado que es un príncipe, y menos de ser el mío, aparece, entonces todo dolor sentido en el pasado, desaparecerá mágicamente, como si un hada madrina usara su varita para lograrlo, y entonces, ya sólo habrá paz y felicidad en el alma, sólo risas y lágrimas de alegría y regocijo, ya no dolores físicos como consecuencia de dolores espirituales, sólo bienestar por haber encontrado a quien se ha esperado una vida entera, por quien se ha renunciado a muchas cosas, pero también, quien recompensa con verdadero y puro amor, cada uno de los dolores, las caídas, y las desilusiones sufridas antes de su llegada.

Siendo realista, es difícil que, al menos en el corto plazo, aparezca el hombre al que pueda entregarme completamente, sin miedos, sin resguardos, porque es el hombre que jamás me hará daño y me amara por siempre. Como hace mucho concluí que el amor siempre tiene un fin, la promesa de amor eterno no es relevante para mí, prefiero la sinceridad de la promesa de amar mientras el sentimiento dure, ya que eso me asegura que no se prolongará artificialmente la relación, que es, después de todo, lo que más daño hace.

Pero como creo que eso no es factible, al menos por ahora, creo que tendré que asumir el dolor del amor unilateral, solitario, que se alegra con las alegrías del otro, aun cuando esas alegrías no incluyen ni en el más pequeño de los pensamientos, a quien tanto a sufrido por no tenerlo cerca, por no compartir ya más sueños, esperanzas, o un proyecto de vida común.

Amor solitario, amor que no tiene que transformarse en una pesada carga, sino que puede (y debe) transformarse en energía que dé la posibilidad de desarrollar capacidades desconocidas hasta ese momento, o entrega hacia los otros muchos tipos de amor que podemos experimentar, lo que hará que estemos preparados para reconocer al príncipe disfrazado de sapo, cuando se cruce en nuestro camino, y podamos dar gracias y sentir la plenitud que hemos buscado desde siempre. Y no pierdo la esperanza de algún día experimentar esa plenitud, ya que estoy segura, que en algún lugar del universo, está esperándome y pensando en mí, ese ser que desde muy niña he encontrado en mis sueños. Sé que él también me ha soñado desde hace mucho, y que un día, no se donde ni cuando, nos encontraremos, y ya nada podrá dañarnos.